Analizaremos la alopecia no desde su punto de vista clínico, sino observando dicho padecimiento desde su forma (característica superficial), como abstracta.

El cabello cumple una principalmente una función protectora, pero en los seres humanos también podemos considerarlo como un tipo de “adorno”, un elemento estético que nos permite tanto diferenciarnos, como expresarnos y marcar nuestra individualidad. Sí, porque el pelo tiene personalidad. Podemos casi instantáneamente comprender con qué tipo de persona estamos lidiando por primera vez, tan sólo con mirar su peinado. Entonces, ¿qué pasa cuando se carece de éste, cuando ya no tenemos una referencia para determinar quién y cómo es la persona que tenemos al frente?…

Sin duda, hay aquí varias maneras de interpretar la carencia de cabello.
En primer lugar, existe una sensación de sentirse desprotegido, “me falta algo”. Esto puede ser consciente como inconsciente. Sin embargo, a pesar de que lo sienten y es real,  no se están viendo directamente todo el tiempo, por lo que la sensación es y se ve más incrementada cuando hay otros en su presencia.
Esto es importante, porque le da al conflicto una connotación social. “No tengo algo que los otros notan, y me siento peor”.
Pero el pelo, si nos ponemos a pensar de manera práctica, no implica una carencia excesivamente significativa, ya que su ausencia no nos impide nada realmente. Es como “andar desnudos”, y sí quizá se sienta o realmente se perciba mayor desprotección, esta sigue siendo muy débil considerando otras partes del cuerpo que nos son esenciales para vivir.

Por otra parte, cuando la alopecia es total, nos pone frente a los demás de manera un tanto ambigua, ya que generalmente en el mundo occidental el pelo se dispone bajo ciertas características que difieren tanto para hombres como para mujeres. Podemos identificar mejor la femineidad de la masculinidad, sin duda. Por lo que la ausencia de este “comunicador” pone a la persona expuesta a partir de su esencia, dejando un tanto de lado la importancia de su rol de hombre o de mujer.
Algo muy importante que he observado, es que son los ojos los que cobran relevancia. Necesitamos interpretar al otro, por lo que buscamos superficialmente primero  juzgando su apariencia.
Detalles como la ropa, pueden automáticamente tomar mayor importancia, pero al comunicarnos directamente con alguien que está en esta condición, los ojos son los que nos revelarán mucho más y de hecho, pueden incluso intimidarnos, ya que en la mayoría de los casos, a menor estímulos superficiales hay más contacto de alma.

¿Qué es lo que puede ocurrir entonces dentro de una persona sufre de alopecia?

Necesita un contacto real, quiere ser real. Es la búsqueda de sí mismo, quizá un poco incómoda, pero mucho más intensa que su necesidad de “aparentar”.

Y sin duda, hay conflicto social porque en el fondo de su corazón quiere liberarse de las ataduras del deber ser.

Por otra parte, en la alopecia puede existir una necesidad inconsciente de querer llamar la atención. Son personas que se notan dada su condición, por lo mismo, lo que digan, lo que hagan, su forma de ser, se percibe con mayor fuerza ante otros.

No buscan necesariamente aprobación, desean simplemente ser, o quizás tal vez es la prueba autoimpuesta que han venido a cumplir en este plano, para experimentarse a ellos mismos desde su verdadera esencia.

 

Texto por Liz R.Rey