Mi lugar en el Mundo

Existen muchas formas de observar el fenómeno de la obesidad, así como también muchas causas. Cuando una persona “decide” inconscientemente aumentar de tamaño, lo que en el fondo busca es “resolver” un conflicto interno. Por lo general, la persona con sobrepeso “evita” estar delgada porque ello supone establecer un vínculo completamente diferente con ella misma, que suele tener relación con la aceptación del cuerpo adulto y de las responsabilidades que esto acarrea.
En términos simbólicos, el cuerpo obeso de un adulto, puede asemejarse al del bebé que una vez fue. Inconscientemente desea volver a esa etapa de su vida, en que otros estaban pendientes de él, y cubrían sus necesidades tanto afectivas como materiales.

No es errado entonces relacionar que la obesidad es una manera de sentirse protegido, pero a su vez de alejarse del propio contacto con uno mismo (mi piel está cada vez más lejos de mí). Esto es importante, porque lo que el obeso más teme es enfrentarse a sí mismo. De hecho, es muy común escuchar a personas con sobrepeso hablar acerca de todo lo que harán cuando estén delgados, a pesar de que pueden hacer la mayoría de las cosas que sienten que su obesidad les impide. Esta convicción los puede hacer luchar por llegar al peso ideal, pero que al mismo tiempo, parece una realidad aterradora, ya que al adelgazar no tendrán excusas para asimilar su propio poder y hacerle frente a los baches que pueda ofrecerles la vida.

Por otra parte, si observamos el alimento como símbolo y fuente de vida, para el obeso la cantidad está por sobre la calidad. Esto puede tener relación con una dificultad para distinguir qué dejo entrar a mi vida, y de qué debo protegerme. Como la calidad de los alimentos que consumen suelen ser de bajo nivel nutritivo, siempre quieren más, porque en realidad no ha entrado algo al cuerpo que contribuya a su buen funcionamiento. Simbólicamente esto también puede estar relacionado con los tipos de personas con las que toman contacto, dejándose muchas veces influenciar por quienes no aportan nada positivo a sus vidas.

Distinguir la calidad de la realidad que dejo entrar a mi vida, y elegir lo mejor para uno mismo es clave para comenzar a tomar consciencia de que la obesidad no es únicamente un tema físico, y que la raíz de su manifestación nace a partir de un estado de incomprensión acerca de mi relación con el mundo.

El cuerpo físico requiere contactar con el exterior para su buen funcionamiento, pero también con nuestro interior. Preguntarse cómo estoy utilizando mi cuerpo, qué cuidados requiere, qué hábitos debo cambiar para optimizar su funcionamiento, puede ser tan útil cómo preguntarse también, ¿cómo puedo manejar mi miedo a la vida adulta?…

Como energía materializada que somos, debemos poner atención a las reacciones de nuestro cuerpo físico, entendiendo que nuestro lugar en el mundo supone una expectativa y también una respuesta a éste. Para lograr la armonía entre estas dos situaciones, es necesario nos responsabilicemos por nuestra vida, siendo sinceros con nuestra realidad interna. Por eso, si mi obesidad está en el fondo escondiendo un miedo, puede ser más afectivo atender mis temores antes de comenzar una dieta, esperando resultados únicamente desde lo físico.

 

Texto por Liz R.Rey