Nuestro cuerpo, en un mundo en que lo visual tiene tanta relevancia, se convierte querámoslo o no, en nuestra carta de presentación. Cualquier inconveniente que no encaje con los cánones de belleza preestablecidos por nuestra sociedad, hace que caigamos en penosos estados de desvalorización.
Para analizar el incómodo y molesto acné, vamos a considerar primeramente su localización.
Si bien el acné puede aparecer más comúnmente en el rostro, también es bastante recurrente que brote en la espalda, hombros y pecho.

 

Rostro
Cuando aparece en el rostro, existe un conflicto con la idea de hacer contacto visual. La comunicación no verbal, los gestos, la expresión facial es en sí es imprescindible, pero con la aparición de un grano, lo que se hace inconscientemente es “desviar mi forma de expresarme”.
La espinilla “distrae” al que observa, y el mensaje de quien comunica pierde fuerza. Pero, ¿por qué la necesidad de refrenar el mensaje?…

Por lo general, la aparición de granos en el rostro va de la mano con una inseguridad respecto a lo que se hace o dice. Esto no necesariamente implica que la persona sea insegura, si no que más bien está en proceso de identificar su propia postura, y de alguna manera aún no ha logrado conectar con su fuero interno.

No hay certeza, y pueden haber un sin número de razones de por qué ocurre esto, desde una mera confusión a simplemente el desarrollo natural de la psiquis hacia la madurez. Entonces, la única convicción que se tiene, es que no se sabe con exactitud la manera de posicionarse frente a la vida.
Por otra parte, el rostro afectado también es visible y molesto para los ojos de la propia persona que lo sufre. Al mirarse al espejo hay algo que no le permite sentirse cómodo, y aunque sea altamente probable que se tengan muchos otros atributos, la mirada se centrará indiscutiblemente en aquella imperfección. Esto también tiene una razón, pues la persona que sufre de acné tiene la tendencia a sobre exigirse y a rechazar cualquier parte de sí mismo que considere no está a la altura de lo siente es óptimo. Es como si no se diera el “permiso” para fluir con su proceso de crecimiento interno, y por ende, no soportar no lograr la “madurez” que cree debe tener en sus decisiones y actuar.

Espalda y hombros
La aparición de acné en la espalda tiene otra razón que difiere bastante del caso anterior. Por lo general, quienes lo padecen “cargan” de alguna manera con ciertos aspectos incómodos de sus antepasados. Puede ser que en la familia existan, o hayan existido personajes que no hayan madurado del todo, o que no hayan cumplido con sus respectivas responsabilidades de adultos. Esta carga psíquica, hace que quien sufre de granitos en la espalda sienta que debe responder al mundo espléndidamente, o sobrenaturalmente, ya que inconscientemente cree que debe corregir las faltas de sus antepasados.

Este tipo de personas difícilmente se sentirán cómodas pidiendo ayuda, pues eso dejaría en evidencia que quizás, no son tan capaces de cumplir con su deber por sí mismas como les gustaría. Es por esta razón que los granitos en esta zona, de alguna manera pretenden obstruir el “espaldarazo” .

 

La vergüenza con la se carga, y la necesidad de limpiar el actuar familiar, inhibe la cercanía, pero a la vez deja en evidencia, su sensibilidad y excesiva identificación con lo que es considerado como “exitoso”.

 

Pecho
El conflicto que se presenta en los casos de acné en la zona del pecho, tiene relación con el “dar y recibir”.
La zona del corazón es en dónde podemos percibir físicamente el amor, y cuando aparecen granitos aquí, hemos generado de manera inconsciente un “escudo” para no ser tocados. Las expresiones de afecto se sienten como una amenaza, ya que gatillan una sensación de vulnerabilidad. Así como también la expresión de los sentimientos, que se cohíben para no “invitar” al otro a responder afectuosamente.

Para todos estos casos, el proceso de inflamación sugiere un intento por liberarse de este patrón de protección, que en su máximo puede llegar a supurar “la herida”, y generar el momento más incómodo para quien lo sufre, pero a la vez, el inicio de su sanación y liberación.

 

 

Texto por Liz R.Rey