Espejo y Reflejo

Como el día y la noche, el mundo dual se mueve en opuestos que nos hablan de una misma cosa. La Luna, reina de la noche, sólo se hace visible gracias a la luz solar. La captura, y se presta sólo a reflejar los rayos que acontecen al otro lado del mundo. Detenernos en esta observación nos permite comprender que el lado inconsciente de nuestro Sol (signo solar), aparece en la oscuridad de la noche, representado por la emocionalidad de la Luna.

En el Tarot, la Luna es un reflejo de nuestros miedos, de algo que se percibe pero que no tiene la suficiente luz para ser bien reconocido, por lo tanto su ambigüedad es temida, e incluso, negada.
Es así como muchas veces nuestros estados emocionales pueden provocarnos incomodidad, pues aparecen como la manifestación física de sentimientos que hemos ido albergando, activando una reacción fisiológica en nuestro organismo que al procesar lo que percibimos, responde agradable o desagradablemente.

Algo similar ocurre para la Astrología. La Luna representa nuestra forma de sentir, y por lo tanto, también nuestras necesidades emocionales. Pero, ¿por qué es tan importante la Luna cuando hablamos de relaciones?.

Existe una tremenda conexión entre lo que ofrecemos al mundo como individuos y lo que estamos esperando recibir de vuelta. Provocamos conscientes o no, a la vida con nuestro actuar, y así mismo, a las personas que nos rodean.

La Astrología se ha dedicado a darle un sentir diferente la Luna respecto a cada signo astrológico, como si pudiéramos conocer el lado acuoso de nuestro signo solar,  identificando sus características como patrones de comportamiento sentimentales/emocionales.

De manera general, he aquí un compendio con las características esenciales de la Luna a través de los Elementos (Astrología).

Para las Lunas de Fuego, relacionarse implica estar en contacto casi telepático con el otro. Digo “casi” porque tienen el don de percibir el otro a través de su fuego divino, no de una manera mental. Detectando con antelación su estado emocional. Esto les permite alinearse casi automáticamente con quiénes tienen afinidad, por lo tanto se podría decir, que el problema para ellos no es encontrar pareja, si no mantener el fuego que los une, sin que se apague y sin que los queme.

Las Lunas de Tierra, si bien tienen tendencia a buscar y ofrecer estabilidad, esconden cierta incomodidad en relación a sus propios sentimientos. El agua (las emociones) pueden llegar a atormentarlos de alguna manera, pues sienten que este elemento es demasiado fluido e inestable para darles la seguridad de tanto buscan. Acá pueden aparecer miedos a perder, y por lo tanto, excesivo control con la pareja.

Las Lunas de Agua, son las que más cómodas se sienten con la expresión de sus propios sentimientos, siempre y cuando éstos no las sobrepasen, pues es ahí cuando son víctimas de inundaciones emocionales de las que difícilmente logran salir solos.
Como la Luna está asociada al elemento agua, estas Lunas pueden llegar a creer que su mundo emocional lo es todo,  es por ello que es  tan importante logren estabilidad en esta área, pues si no, pueden llegar a afectar negativamente todo su mundo.

Las Lunas de Aire, son bastante especiales para relacionarse con sus propios estados emocionales. Ellas “surfean” olas, pasan por sobre el mar emocional. Es por ello que muchas veces son asociadas a temperamentos más bien fríos, pues es verdad que a veces no logran “mojarse” con sus propios sentimientos y cohíben la expresión de éstos. Sus parejas por lo tanto, pueden no llegar a ser tan relevantes como lo son para los signos de agua, por ejemplo, ya que su mundo emocional no es prioritario en su vida (o no permiten que lo sea).

 

Por último es importante añadir que la combinación de los elementos Fuego/Aire y Tierra/Agua, son más propensos a llegar a un buen entendimiento. Todo esto de manera general, pues es siempre imprescindible analizar toda la Carta Astral para obtener un real enfoque de la calidad  de la relación.

Si quieres tener mayor conocimiento sobre el tema y analizar tu Carta Natal, comunícate con sanandokarma@gmail.com

 

 

Texto por Liz R.Rey