Cuando nos duele la espalda nuestro cuerpo está manifestando una reacción a la sobrecarga que le generan los problemas de la vida cotidiana. Cada uno de nosotros posee ciertas convicciones acerca de quién es y cuáles son las responsabilidades que le competen. Pero ocurre que en repetidas ocasiones, la imagen en la que basamos  nuestra idea del yo (o de nuestro ideal yo), no corresponde a como realmente somos.
Por lo general, esto ocurre de manera inconsciente, y suele darse en personas que han tenido una crianza más bien estricta, en la que no es bien mirado fallar o equivocarse.
Nuestra columna, son nuestros cimientos, lo que nos sostiene. Por lo tanto podemos afirmar que, quiénes han sido nuestros pilares (sea nuestra familia directa, o alguna persona significativa que nos haya marcado en nuestra crianza) nos transmitieron algún mensaje que nos hace sobrepasar nuestras capacidades.
Es muy importante observar esta situación desde el punto de vista de que como seres humanos, nos desarrollamos en concordancia con nuestro entorno y somos parte de él. Esto ocurre independientemente de que nosotros aceptemos o aprobemos el medio ambiente en el que hemos ido creciendo. Es por ello que cuando aparece un dolor de espalda, es esencial acercarse a esta verdad sin la intención de culpar, ni a nuestro entorno (porque también se han desarrollado bajo esta premisa), ni a nosotros mismos.

Cuando sobrepasamos nuestra capacidad o incluso, nuestros deseos inconscientes, el dolor de espalda puede aparecer como una alarma que por lo general, nos invita a detenernos, a hacer un alto en nuestras actividades y reflexionar.
La espalda es la zona del cuerpo que simboliza “responsabilidad”, y nuestras responsabilidades están estrechamente ligadas a lo que hemos (o creemos) venir a ofrecer al mundo. Para llegar hasta este punto, en que un individuo tenga la intención y expectativa de cumplir un rol específico en este plano, es necesario el reconocimiento de sí mismo.
Parte del proceso curativo de un dolor de espalda, requiere que atendamos nuestra verdad, lo que realmente somos. Esto implica la integración de nuestras verdaderas capacidades y potencial, así como también, el reconocimiento de nuestros límites.

Son acertadas preguntas como:
– ¿Me gusta lo que hago?
– ¿Hago lo que hago por esperar la aprobación de alguien?
– ¿Eso por lo que lucho, simboliza realmente el éxito para mí?
– ¿En el lugar en donde estoy, me veo feliz a largo plazo?
– ¿Delego?
– ¿Me cuido?

Por último y a modo general,  importante recalcar que la manifestación del dolor en el cuerpo pretende siempre conectarnos con nosotros mismos, pues es el sistema que tenemos para alertarnos de un posible peligro, protegernos y mantenernos a salvo.

 

 

Texto por Liz R.Rey