Dulce o Salado… ¿qué prefieres?

Tener tendencia por un sabor en específico en nuestros alimentos, puede revelarnos ciertas verdades sobre nuestra realidad psíquica. Quienes tienen preferencia por los dulces por ejemplo, tienen una mayor predisposición en buscar afecto. Sentirse amados y seguros en su mundo afectivo, es primordial.
Por otra parte, quienes prefieren los alimentos salados, tienen mayor predilección por actividades que impliquen mayor gasto energético físico o intelectual.

Pero, ¿cuál es la raíz de esta diferencia?

Lo Dulce, la Madre y los afectos…
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La leche materna, el primer contacto  con el alimento que tiene un ser humano, es dulce, por lo que la cercanía a nuestra madre, y todo lo relacionado a ella, queda asociada a ese sabor. La protección, el afecto, nuestra calma y seguridad, quedan ligados en nuestro inconsciente y cada vez que nos llevamos algo dulce a la boca, podemos evocar aquellas gratas sensaciones.

Lo dulce es la madre, lo femenino. Mientras que lo salado, se relaciona al padre, pues es éste el que actúa mayormente en una etapa posterior al desarrollo del niño, y es quién lo orienta en la evolución de su fuerza física y mental*.

*Al hablar de madre y padre, estamos definiendo las energías femeninas y masculinas, no necesariamente delimitando roles.

 

Lo Salado, el Padre y la conquista…
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El Padre es acción, movimiento. En el padre prima la necesidad de “conquistar el mundo”, y su energía se orienta al logro de metas.  Son intrínsecas en él la lucha, la concentración y su capacidad de estrategia. Todo intentando lograr el control del mundo externo.
En el sudor hay sal que se pierde en la acción. El salario, es la sal que nos ganamos con nuestro trabajo.  La sal aparece entonces como muestra de una energía despierta, propicia para conducir más energía.

 

¿Por qué se desarrolla una predilección por un sabor?
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Carencia:

Para el caso de los dulces, una madre ausente puede llevar al niño, o incluso al adulto, a buscar constantemente aquella sensación de seguridad a través de la ingesta de dulce. “Recuerdo a mi madre a través de esta sensación…”.
En el caso de lo salado, un padre ausente o una mala relación con él pueden intensificar la necesidad de sal en el organismo. Queremos suplir toda la falta de energía masculina, con la sal del alimento.

Apego:

La incapacidad para vérselas con el mundo, el deseo de protección y el afán de sentir seguridad, también llevan al exceso de consumo de alimentos dulces. “La relación con mi madre ha sido tan buena, me he sentido tan protegido, que quiero seguir sintiéndome así…”.
Por otra parte, el exceso de sal en los alimentos también puede relacionarse a la necesidad de traer la energía del padre constantemente. “Mi padre ha podido con todo en la vida, yo lo admiro, necesito de su energía…”.

Por último, es bueno recordar que tanto la energía femenina (madre) como masculina (padre), no necesariamente están representadas por una mujer y un hombre respectivamente. Son energías que todo ser humano tiene, y que por lo tanto, actúan constantemente en nuestra psique. A pesar de ello, es en el primer contacto con nuestros padres, que nos encontramos con las energías más puras, y más definidas, pues recién se están manifestando dentro de nosotros también, para instalarse definitivamente como pilares de nuestro ser interno.

 

Texto por Liz R.Rey