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El cuerpo “decide” reaccionar abruptamente e incontrolablemente… Las alergias pueden ocurrir a cualquier edad y en cualquier momento de nuestra vida, por lo tanto no están necesariamente relacionadas al desarrollo del organismo. Una alergia tan sólo intenta rechazar algo que no fuimos capaces de rechazar conscientemente.

Teniendo esto presente, es preciso que más que analizar la alergia en sí, intentemos poner atención a qué la provocó. Si bien, por lo general las alergias están relacionadas a algo que ingerimos (como el caso de las alergias alimentarias), también debemos considerar los hechos o sucesos que estaban aconteciendo durante el momento en que se produjo la alergia. ¿Había ocurrido algo que me causo molestia?, ¿pena?, ¿rabia?…Por lo general, quien sufre alergias está teniendo dificultades para expresar sus emociones, sobre todo a las relacionadas con el rechazo de alguna situación.

A veces, no es algo tan evidente. No podemos identificar fácilmente qué la provocó.  Si eso ocurre, es porque tal vez estamos expresando algo que está afectando a algún ser querido o cercano, y que a la vez, nos está afectando mucho a nosotros también.

De la misma forma en que las personas parecen somatizar los problemas de otros, las cosas, los objetos personales, y todo lo que nos rodea, se va relacionando con nosotros de una manera sutil e inseparable. Ellas y nosotros, impregnando y absorbiendo a través de vibraciones, nuestras percepciones,  nuestro entorno y nuestra “realidad”. Teniendo esto  presente, podemos determinar que las causas de la alergia han sido parte de esa compleja malla que intenta ajustarse a lo que somos y a lo que queremos.

Por ejemplo. Una mujer manifestó una alergia al tinte color rojo de las bebidas de fantasía, generando erupciones leves, pero muy molestas en sus brazos. Para poder tener un idea más clara de qué le ha provocado esa reacción, es necesario que observemos como la materia se constituye de pequeñas simbologías a modo de lenguaje. Observemos el  líquido, es agua, pero de color rojo. Una “emoción” (agua) de color rojo (fuerza, pasión, rabia, amor), que está alojada en los brazos (los brazos relacionados a la capacidad de conexión, de expansión). Quizás esta mujer no está haciendo una conexión emocional apropiada, porque recordemos que la alergia siempre se refiere a expulsar, a rechazar algo. Una conexión emocional implica mostrarse con el corazón abierto, compartir experiencias emocionales, volverse vulnerable. Tal vez las personas con las que está compartiendo sus experiencias le generan un rechazo, por no sentirse del todo comprendida, o tal vez, siente la necesidad de compartir sus experiencias, pero no logra conectarse emocionalmente con otros.

Para el caso de las reacciones alérgicas provocadas por el polvo, existe una necesidad de liberarse de ciertas restricciones materiales. Como si consideráramos a las cosas un impedimento para la expresión de nuestra libertad, o bien, una carga.

Para finalizar, el hecho de ser seres espaciales e interconectados supone reiterados ajustes, y adaptación. Por lo tanto, la generación de alergias durante el transcurso de nuestra vida, no significa que fallemos o que no tengamos la capacidad de identificar qué y en cuáles circunstancias nos sentimos más cómodos. Sólo debemos poner atención cuando una alergia se ha ido manifestado reiteradamente, o durante mucho tiempo, pues es ahí en dónde nuestro cuerpo intenta despertar nuestra consciencia.

 

Texto por Liz R. Rey