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En la cultura occidental, fumar tiene una connotación más bien negativa. Se lo asocia con un sinnúmero de enfermedades, a diferencia de las culturas ancestrales americanas para quienes el consumo de tabaco pasaba desde la mera satisfacción de fumar, a  rituales y tratamientos terapéuticos.

¿Pero qué podría simbolizar fumar?…

Primero que nada, el acto de fumar está asociado a la respiración. Inhalación y exhalación…Nuestro cuerpo no puede prescindir de ninguna de ellas. El flujo de aire “alimenta” el organismo y mantiene activos los numerosos procesos fisiológicos que ocurren en nuestro interior. El acto de respirar, sin duda es vida.

Quien fuma exacerba la respiración. La inhalación se vuelve más profunda, así como también y en consecuencia, la exhalación, similar a cuando suspiramos. Cabría preguntarnos entonces;  ¿por qué suspiramos?, ¿qué provoca en el organismo un suspiro?. Básicamente suspirar induce a una sensación de alivio, a veces asociado a la expresión de la tristeza, frustración o resignación. Suspiramos porque necesitamos calmar y bajar la intensidad de nuestros procesos y a la vez, comenzar inspirarnos para un nuevo comenzar.

Ese comenzar no necesariamente es un acto físico, a veces la persona tan sólo necesita recapitular los hechos acontecidos en el día, y aclarar la mente para poder descansar, como es el caso de los que fuman antes de irse a dormir.

También hay que considerar que el humo puede estar asociado al ritmo frenético de las grandes urbes. Ese “smog” que refleja la transformación de materiales, una contaminación como resultado de nuestras propias creaciones. Sin embargo, si observamos la naturaleza, podemos identificar el humo de los volcanes como una señal de aquella energía que emana de la tierra, aludiendo a los procesos internos que ocurren en ella, y en donde se encuentra todo el fuego (magma) similar al fuego del espíritu. Estos volcanes además se asocian con la furia de la pachamama, por lo tanto también podríamos hacer esa relación, considerar que quien “emana” humo, posee una acumulación de fuego que no ha salido al exterior. Una fuerza que permanece “calma” pero que está en inminente ebullición, amenazando explotar. En otras palabras, furia controlada.

Existen mucho estudios científicos que demuestran que el tabaco es dañino para la salud. Sin embargo aún no se tiene conocimiento de la composición exacta del humo del tabaco. Pero más allá de los efectos del tabaco o de los cigarrillos, es importante que observemos qué nos incita a fumar. Una vez que hayamos identificado las causas de nuestra predilección por esta forma de buscar sosiego, podremos tomar más consciencia de nuestro cuerpo y de cómo cuidarlo.

Texto por Liz R.Rey