vida nocturna

Así como para algunos su vida y actividades se centran en el día, y les parece inconcebible trasnochar y desperdiciar horas de sueño, hay quienes prefieren lejos, la vida nocturna. Las causas parecen provenir de una especial forma de relacionarse con el mundo, en donde el espíritu goza de una mayor comodidad a altas horas de la noche, atrayéndole mucho más lo que nos ofrece la falta de luz.

En primer lugar, quienes tienen esta preferencia, no les agrada tanto el mundo de día, pues esto supone una aceptación de las estructuras humanas, que los impulsaría tarde o temprano, a tomar cierta responsabilidad por sus actos, y también a aprobar y adquirir las conductas civiles requeridas para pertenecer y contribuir a su entorno social.

La responsabilidad social, es algo que estas personas eluden, y aunque puedan volverse muy críticas con el sistema, difícilmente intentarán proponer modificaciones desde dentro, pues su sentido de pertenencia con lo impuesto, es algo que les genera mucho conflicto.

Por otra parte, estas personas buscan mantenerse en contacto constantemente con su yo interno, de manera que, la noche se presenta como una realidad menos demandante y más silenciosa, en donde se logra con mayor facilidad, acceder a la creatividad y fantasía.

Así también, quienes tengan esta tendencia poseen su mundo espiritual mucho mas sediento de estímulos, lo que significa que, sus percepciones e intuiciones, están a un nivel mucho mayor durante las horas de descanso de la mayoría. No es de extrañar que les agrade entonces, todo lo relacionado con el misterio, el inconsciente y lo oculto. Ellos necesitan ir un poco más allá de lo superficial, y de alguna forma, encontrar respuestas lejos del barullo cotidiano.

Sin embargo, debemos considerar que nuestra fisiología está creada para funcionar en su máximo potencial, con la luz solar.  Por lo tanto, y como mencionaba antes, existe un dejo de “rebeldía” en las personas que prefieren la noche. Una parte del ser que se rehúsa a la existencia, y que necesita un momento calmo para acceder a ese mundo oculto, a un lugar que le permita reconectar con su esencia, y que le devuelva esa convicción de que el mundo y la vida, se asemejan al mundo espiritual que añora.

Como he mencionado en otros artículos, aquí hago una descripción de los extremos. El día y la noche, sólo existen, sin estar ninguna energía por sobre la otra. Por lo tanto, no podría afirmar que quienes prefieren las actividades en el día, sean mejores personas, ni nada por el estilo. Pues también si nos ponemos a bucear en la raíz de su preferencia, encontraremos sin duda características que nos lleven a alguna verdad “incómoda”. Bueno, eso quedará para otro post.

Lo esencial, es reconocer la existencia de las energías que nos llevan de un polo a otro. Tratar de decodificarlas para tener mayor entendimiento acerca de nosotros mismos, y tratar de equilibrarnos en ellas lo mejor que podamos.

Texto por Liz R.Rey