alimentación, alimentacion, alimentos, desayuno, dieta

No todos tenemos la misma configuración energética. Algunos somos más calmos, otros más acelerados. Algunos varían entre ambas opciones. La cantidad de alimentos que requerimos o lo que comemos durante el día, y el tipo de comida que preferimos consumir, puede estar reflejando cómo nuestro flujo energético se relaciona con el mundo que nos rodea.

Por ejemplo, las personas que se saltan el desayuno, son personas que de alguna manera rehúyen la relación con lo físico. Su forma de enfrentar el mundo, puede carecer de realismo, y esto los conduce muchas veces a tener dificultades financieras, basadas en su poca visión para administrar sus recursos. Sin embargo, una vez que el hambre es “insoportable”, comen. Y comen quizás mucho más de lo que les gustaría comer. Acá se manifiesta la pérdida de control en la relación con la materia, volviendo al cuerpo, poco eficiente en la distribución energética (sentir agotamiento por la falta de alimento, o por el exceso de éste).

Por otra parte, quienes prefieren los desayunos abundantes, son personas que están mucho más dispuestas a relacionarse con el mundo. Su metabolismo bien activado genera suficiente energía, y con ello, la actitud mental para enfrentar el mundo. ¿Por qué la actitud mental?, porque el cuerpo al sentirse fuerte, tiene mejores opciones de reaccionar ante los estímulos externos, y por lo tanto, sentirse más seguro.

Más allá de un tema nutricional, el primer alimento del día toma relevancia puesto que representa a algo así como nuestro “nacimiento diario”. Similar a cómo las energías del día en que llegamos al mundo, marcan nuestros posteriores pasos en él, el inicio del día también tiene ese impulso que “define” nuestra intención en este plano.

Ahora bien, los que optan por alimentos más pesados son personas que conectan más con las cosas terrenales de la vida. Para ellos el manejo de sus recursos, puede captar casi la totalidad de su atención, aunque también es factible que, así como atraen dinero o se preocupan de conseguirlo, también lo despilfarran y malgastan rápidamente. A diferencia de los que gustan de las comidas livianas, que les cuesta anclar sus intenciones con el mundo material, pues para ellos, la conexión espiritual puede ser más relevante que resolver asuntos terrenales.

Hay que considerar  que en este artículo, estamos analizando los extremos, lo que significa que tener conocimiento del tipo de alimentación que elegimos cada día, hace reflejo de cómo se relaciona nuestro flujo energético con nuestro entorno diariamente, teniendo en consideración que éste puede variar de acuerdo a múltiples factores.

Obviamente hay muchos más detalles en la forma de alimentarnos, en los que podríamos identificar conductas y tendencias energéticas.  Lo principal es comprender que la simbología de la alimentación tiene que ver con nuestra relación con el mundo. El autocuidado, el dar y recibir. La nutrición en general nos permite estar aquí en la tierra, y de alguna forma, recibir la energía de ella.

Texto por Liz R.Rey