ensayo

Nuestra piel es un límite y una protección con el exterior. Los hematomas son señales bien particulares de que este límite está siendo vulnerado. En primer lugar, para que el hematoma ocurra, la piel debe ser presionada. Éste es el reflejo de una situación, o de alguien que trata de presionarnos, que nos causa dolor, pero que además quiere demostrar su fuerza públicamente. Sí, porque el hematoma queda marcado, grabado en nuestra piel. La piel no se rompe, sin embargo la contusión queda expuesta.

Para el caso de los accidentes, los hematomas emergen como señales de presión en que mi accionar, me conduce a caminos equivocados. El golpe es el rechazo al camino elegido, y el hematoma manifiesta el cese momentáneo de la circulación, cómo una necesidad de freno, que a su vez, rompe los vasos sanguíneos dejando en evidencia una “pequeña muerte”. El color morado/violeta característico aparece como registro.

Siempre en el caso del hematoma, la persona desea ser vista, o considerada.  En la parte del cuerpo en que aparezca, da señales de qué área debe ser trabajada. Pero independientemente de eso, el hematoma representa un estancamiento, una parte de la energía que está siendo bloqueada por presiones externas.

La individualidad acá es un tema. Sería apropiado hacerse preguntas cómo, ¿estoy cediendo demasiado?, ¿dejo que los demás me dominen?, ¿hago las cosas porque quiero, o porque siento que son mi obligación?…

Acá algunas referencias de las causas del hematoma, según la parte del cuerpo en que aparezca:

– Cabeza, rostro: ¿soy quién realmente quiero ser?

– Cuello: ¿me dejan expresar lo que realmente siento?

– Pecho: ¿por qué dejo que me hieran tanto?, ¿cómo podría equilibrar lo que doy respecto a lo que espero de los demás?

– Brazos: ¿Sé darme suficiente espacio?, ¿hago mi trabajo efectivo bajo presión?

– Manos: ¿puedo manifestar mi creatividad?, ¿sé abrirme camino?

– Espalda: ¿qué situación o persona del pasado me presiona?

– Área genital/ glúteos: ¿fluyo con mi pareja?, ¿me presionan para tener relaciones sexuales?

– Muslos: ¿quiero realmente moverme de esa situación/persona?

– Piernas: ¿deseo seguir en la dirección que elegí?

– Pies: ¿estoy seguro de dónde quiero “echar raíces”?, ¿mi familia me presiona demasiado?

Por último, las personas que tienen esta tendencia, son personas que están muy atentas a las necesidades de los demás, pero que sin embargo, poseen una gran dificultad para ser ellos mismos. Equilibrar estas energías mediante ejercicios que estimulen la circulación, ayuda a que la persona fluya y esté más atenta a sus propias necesidades.

Texto por Liz R.Rey