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Explosión en China, explosión en Bangkok, y hoy en las noticias matinales, explosión de un edificio en Santiago de Chile. Las explosiones, energía liberada. En este caso, accidentalmente. Relacionado a fuerzas que no han sido asimiladas por la consciencia. Probablemente fuerzas que hemos  tratado de bloquear, porque son demasiado diferentes a lo que aceptamos integrar en nuestra vida. Quizás por eso algunos se refieren a los accidentes, como a la materialización de la frustración y la necesidad de cambio. Cierto o no, las explosiones son remezones a nuestra realidad, una amenaza a nuestra integridad material, en que lo construído, lo creado, pretende modificarse abruptamente.

Para que una explosión ocurra, deben existir ciertas condiciones terrenales. Por ejemplo, en el caso de las explosiones por gas, el elemento “aire” invade previamente el lugar. Un reflejo de pensamientos, pensamientos que esperan ser fecundados por una chispa, una necesidad de crear por medio de la intervención de energías externas a uno. Así como una conversación estimulante, la explosión, ocurre por la acumulación de esta necesidad bloqueada, ignorada, que ya no se soporta a sí misma y busca desesperadamente la fusión, la acción, y modificar todo a su paso.

¿Cuántas cosas cambiaríamos en este mundo?. Sin duda muchas. Cualquier evento fuerte, como los accidentes, nos proponen asumir esa necesidad. El cambio, la mejora, la evolución. Las explosiones, ocurren en ese sentido, con la características de relacionarse con la energía calórica, sonora y lumínica.

El calor, la chispa divina, la materialización del amor, la purificación, la fuerza del espíritu. La vida es tibia, el aumento de la temperatura es elevación de la vibración, una revolución interna.

La energía sonora sin embargo, tiene más relación con lo externo. Para este caso, lo que escuchamos, intenso, doloroso, tan dañino que los oídos se saturan, y pueden dejan de funcionar. No queda nada más que nuestra voz interna. El silencio incómodo que habíamos evitado. Dejar de escuchar lo que dicen, y escuchar lo que me digo a mí mismo.

Por último la energía lumínica, también puede bloquear nuestro contacto con la realidad. No poder escuchar, no poder ver, sentir un calor intenso. ¿Qué se está quedando con nosotros, más que nosotros mismos?. El no ver, ayuda a percibir y percibirse mejor, atenderse sin pretender asumir posturas incómodas, ni buscar ningún tipo de aprobación externa. Por otra parte, el aumento de la luz implica unión, como todos los colores del arcoiris, el efecto que nos enceguece, también nos muestra que la realidad de allá afuera, es la misma realidad de adentro, una fusión lumínica.

Sin duda una explosión es una poderosa energía de cambio, y de re-conexión con nosotros mismos. Y como ha ocurrido estos días, es un llamado a los cambios colectivos. A unir fuerzas, despertar y mejorar nuestras vidas.

Texto por Liz R.Rey